Dejar de ser una versión pasada para otros

En 2017 dejé oficialmente de dar clases de piano. Se lo comuniqué a todos mis estudiantes, me despedí y cerré ese capítulo (con alguna excepción puntual en 2018 y en 2020). Mi rol de profesor, la rutina semanal, crear ejercicios y mandar partituras: todo eso quedó en el pasado.

Años más tarde, una persona en mi vida me seguía viendo como su antiguo profesor de piano. Se resistía a verme de otra manera. Sabía que yo en ese entonces trabajaba como coach, que tenía otra identidad profesional, y así y todo mantenía la esperanza de que, algún día, si él me lo pedía y yo accedía, volviera a darle clases. Tenía su propio interés como prioridad (¿quién no?). 

No le importaba tanto qué era real para mí en ese momento: le alcanzaba con saber que alguna vez había sido profe de piano y que tenía esa habilidad (aunque no estuviera dando clases activamente). A mí no me interesaba desempolvar un yo viejo para que le resultara útil a otro, por más que me encante ayudar a otras personas a aprender. Tengo claro que elijo lo que hago desde mi presente, o desde el futuro que estoy creando, no desde una versión mía que ya está archivada. Anclarme ahí sería repetir algo que dejé de elegir de forma deliberada.

Yo hice lo mismo

No culpo a esta persona: yo hice lo mismo. No una. Un montón de veces. Si me descuido, todavía lo hago (sin querer queriendo).

Hace unos diez años, conocí a alguien a quien le había ido muy bien publicando libros de forma independiente. Le pedí que compartiera su experiencia conmigo, que fuera una especie de mentor. Y él me dijo claramente que “No”. Me recomendó a otra persona, un coach de escritura, con quien él mismo había aprendido.

En su momento eso me frustró. Pensé: “¿por qué no me enseñás vos? ¿Qué te cuesta?”. Lo que le “costaba” era su identidad actual. El precio era tener que encarnar, otra vez, una versión de sí mismo que ya no era la suya: era la mía, la que yo me había armado en mi cabeza, y la que me convenía a mí más que a nadie.

Años después, cuando me tocó estar del otro lado (la historia con el estudiante de piano), me acordé de aquella vez. De cuánto reduje a otra persona a la versión que tenía guardada de él.

Lo mismo nos pasa con los idiomas

Cuando te mudás de país o te animás a probarte una identidad nueva que estás construyendo, hay personas que se aferran a la versión vieja y que se empeñan en seguir hablándole a esa identidad del pasado. ¿Quizás porque a todos nos resulta más fácil vivir mirando para atrás? Repasando lo que fue, lo que no fue, lo que podríamos haber dicho o hecho distinto. Operamos en piloto automático con versiones pasadas de nosotros mismos. Tal vez por eso nos resulta tan fácil calzarle ese piloto automático a los demás.

Hay otras opciones.

Dos preguntas para vos

  1. ¿A quién estás tratando desde tu versión interna de su yo pasado? ¿Cómo estás limitando y cercenando a esa persona al hacerlo?
  2. ¿Quién te está viendo a vos de esa manera? ¿En un idioma, en una actividad profesional o en un rol? ¿Qué te gustaría decirle si supieras que esa persona está abierta a escuchar lo que tenés para decir?

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