Estaba a punto de dar el final de Biología para el CBC de Psicología. Llegué a la sede y me di cuenta de algo: estaba en la sede equivocada.
Tenía dos opciones:
- esperar al cuatrimestre siguiente y volver a rendir, empezando todo de nuevo
- apurarme, llegar un poco tarde a la sede correcta, y hacerlo ahora
La pregunta de fondo no era cuál era la sede correcta o por qué me equivoqué.
La pregunta era: ¿enfrento la incomodidad de llegar tarde, con la vergüenza de explicarle al profesor por qué estoy entrando al examen empezado (si me deja hacerlo)? ¿O evito esa vergüenza ahora, a costa de perder el impulso, la preparación, las ganas que tenía en ese momento (estaba listo y dispuesto a dar el examen)?
En mi caso elegí llegar tarde. Elegí la incomodidad de hacerlo en ese momento, en vez de la comodidad de esperar.
¿Vos cuál hubieras elegido?
Equivocarse de carrera no es el problema
La idea de que “nunca es tarde para cambiar de rumbo” ya la escuchaste un montón de veces. Lo que no se suele escuchar tan seguido es que equivocarse de carrera no es un error. El error es quedarse ahí parado en la sede “incorrecta” y no hacer nada: no decidir buscar la manera más rápida de llegar a la otra sede ahora, o bien decidir que este no es el momento y que voy a esperar otros cuatro meses. El error es no decidir “nada” (que también es una decisión) por miedo a la vergüenza de llegar tarde al lugar correcto.
Yo me equivoqué de carrera varias veces (o eso pensé, en su momento).
- Redactor y traductor freelance
- Profesor de piano
- Coach de idiomas
Hoy hago coaching de vida y de negocios para multilingües.
En el medio, estudié Psicología, estudié en un conservatorio, me formé en coaching de idiomas, me formé (y me sigo formando) en coaching de vida.
Visto desde afuera, parece una lista de fracasos y de destinos abandonados.
Visto desde adentro, es otra cosa.
La ropa que no tirás
Cuando pienso en integrar lo que aprendí en cada etapa, la imagen que se me viene a la mente es la de la ropa de estación. Estoy vestido en capas. Agrego lo que necesito cuando hace frío, me saco el saco cuando hace calor. Pero no tiro el abrigo a la basura en verano, porque sé que en unos meses vuelve el invierno de nuevo.
Las herramientas que construí en cada carrera funcionan igual. No las descarté, no las tiré a la basura. No dije “nunca voy a necesitar esto”. Las guardé y siguen estando disponibles, para cuando sea que las circunstancias me lo pidan (¡sorry, Marie Kondo!).
Hoy, cuando escucho a una cliente en una sesión, escucho con lo que aprendí en Psicología: cómo prestar atención a lo que no se dice, cómo ayudar a alguien a dejar de ponerse en medio de su propio camino y dejar de ser su propio obstáculo. Cuando trabajo el acento rioplatense con un cliente, uso el oído que entrené durante años tocando piano y en el conservatorio: la sensibilidad al sonido, al ritmo, a lo que suena bien y lo que no. Cuando escribo mis libros, está la traducción y la redacción freelance, el trabajo de llevar un idioma a otro sin perder lo esencial.
Nada de esto pasó de golpe. El cambio fue gradual, poco a poco. Pero la integración sí fue 100% intencional. Hubo conversaciones con coaches, con mentores, con gente que me ayudó a ver que lo que estaba construyendo no era una cadena de errores aleatorios. Era algo con capas, que podía tener sentido si lo buscaba y lo creaba desde adentro.
El mismo movimiento, otro idioma
Encuentro el mismo patrón en algo que no tiene que ver con carreras: mudarme de Argentina a Uruguay en el 2022.
Viviendo en Argentina, daba por hecho aspectos enteros de mi identidad argentina. No los podía ver, porque estaba ahí adentro. Recién al salir empecé a reconocerlos, a apreciarlos, a notar qué cosas estaban ahí y no las encontraba en Uruguay (aunque las dos culturas fueran tan parecidas).
Construir mi trayecto en Uruguay no implicó tirar a la basura mi identidad argentina. Implicó lo mismo que con las carreras: usar lo que sirve, guardar lo que no uso todos los días, sin descartarlo.
Cambiar de carrera, cambiar de país y cambiar de idioma dominante en una etapa de la vida puede ser el mismo acto: elegir una versión nueva de vos sin obligarte a destruir la anterior.
Algunas preguntas para vos
¿Sentís que ya es tarde para cambiar de rumbo?
¿Quién te gustaría ser realmente si dejaras de lado la pregunta de si es tarde o no?
Y si preferís esperar: ¿cuánto tiempo más vas a esperar?
Elegí una de las tres preguntas y contame tu respuesta por WhatsApp o por acá.